¿QUÉ PUEDE OCURRIR EN EL SUJETO ANTE UNA PÉRDIDA?

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  • Angustia: Se genera ante el peligro de perder el objeto amado.
  • Dolor: Se afianza en la sensación de una pérdida consumada.
  • Duelo: Es el proceso que el aparato psíquico realiza para tramitar lo insoportable de la pérdida.
  • Aflicción: Es una reacción intensa al duelo. Implica experimentar y translaborar una pérdida

SÍNTOMAS Y CONDUCTAS QUE APARECEN CUANDO ALGUIEN MUERE

  • A corto plazo

Aflicción  psicológica como llanto, trastornos alimentarios y del sueño.
Añoranza, tristeza, angustia, desamparo, soledad y otras variedades de dolor psíquico.
Síntomas físicos como oclusión de la garganta, palpitaciones cardiacas, estremecimientos y suspiros.
Sentimientos constantes de ser asaltados por la imagen de la persona fallecida; algunos oyen su voz o creen que la vieron por un instante.
Sentimientos de culpa, coraje e impotencia.
Incapacidad de realizar las actividades cotidianas.
Depresión.

  • A largo plazo

Dolencias físicas
Trastornos Psicológicos
Disminución en la esperanza de vida, entre otras cosas.

¿POR QUÉ SUFRIMOS ANTE UNA PÉRDIDA?

El ser humano posee un cierto grado de capacidad de amor, llamada libido, que en los comienzos del desarrollo se había dirigido  sobre el yo propio. Más tarde, pero en verdad desde muy temprano, se extraña del yo, y se vuelve a los objetos, que de tal suerte incorporamos, por así decir, a nuestro yo (Freíd, 1914-1916).

Si los objetos son destruidos o si los perdemos, nuestra capacidad de amor(libido) queda de nuevo libre. Puede tomar a otros objetos como sustitutos o volver temporalmente al yo.

El sufrir una pérdida es doloroso debido a que la libido se aferra a sus objetos y no quiere abandonar los perdidos aunque el sustituto ya esté aguardando. Eso, entonces, es el duelo.

DUELO

Todos sufrimos distintas y múltiples pérdidas durante el transcurso de la vida. Es inevitable ante estas situaciones atravesar un proceso de duelo.

El duelo es un sentimiento subjetivo que aparece tras la muerte de un ser querido. Es un término que describe todas las conductas, sentimientos y pensamientos por los que pasa cualquier persona tras una pérdida.

Luto o sentimiento de pérdida son términos que normalmente se utilizan en lugar de la palabra duelo. El sentimiento de pérdida se relaciona con el estado de sentirse privado de algún ser querido que ha fallecido. El luto es el proceso que nos permite la resolución del duelo.

Según Freíd (1914-1916), “ el duelo es, por regla general, la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc.” (p.241).

La forma de expresar el duelo está estrechamente relacionada con la cultura a la que pertenezcamos (por ejemplo, vestirse de negro), a las situaciones que rodean la pérdida, a la edad de la persona que fallece, la situación vital, si se trata de una muerte anticipada o repentina. Esta va a abarcar distintos tipos de emociones, tales como llanto, negación, aturdimiento.

Si bien el proceso de duelo puede desencadenarse por múltiples razones, en este escrito se referirá al proceso de duelo desencadenado por la pérdida de un ser querido.

PROCESO DE DUELO

El duelo ocurre o se inicia inmediatamente después, o en los meses siguientes a la muerte de un ser querido y está limitado a un período de tiempo que varía de persona en persona.

El trabajo de duelo es un proceso psicológico complejo de deshacer los lazos contraídos y enfrentarse al dolor de la pérdida.

El trabajo del duelo busca hacer soportable lo insoportable del evento permitiéndole a un sujeto recuperar la energía necesaria para la vida a través de la elaboración.

El duelo llama al sujeto a optar por al vida y le exige desprenderse del objeto amado sin anhelar ya un reencuentro.

El duelo es el proceso que impone al sujeto la aceptación de la pérdida, la progresiva separación del objeto amado, y culmina con la recuperación de la libido que vuelve a ponerse en la vida.

El no renunciar al objeto amado desaparecido y el perpetuarse en el dolor se traduce para un sujeto en una existencia colmada de una intensa tristeza que no le deja para el resto de la existencia. Este sentimiento a la tristeza es elección de quien no asume la renuncia de objeto perdido.

El Yo al fin del proceso de duelo queda enriquecido con identificaciones positivas y su libido disponible para nuevos objetos. Cuando la dependencia con el objeto perdido desaparece, el sujeto deviene capaz de continuar la vida.

FASES DE DUELO

Bowlby estableció y describió cuatro fases por las que avanza una persona en duelo:

  • Fase de entumecimiento o shock

Es la fase temprana de intensa desesperación, caracterizada por el aturdimiento, la negación, la cólera y la no aceptación. Puede durar un momento o varios días y la persona que experimenta el duelo puede recaer en esta fase varias veces a lo largo del proceso de luto.

  • Fase de anhelo y búsqueda

Es un período de intensa añoranza y de búsqueda de la persona fallecida, caracterizada por inquietud física y pensamientos permanentes sobre el fallecido. Puede durar varios meses e incluso años de una forma atenuada.

  • Fase de desorganización y desesperanza

En lo que la realidad de la pérdida comienza a establecerse, la sensación de sentirse arrastrado por los acontecimientos es la dominante y la persona en duelo parece desarraigada, apática e indiferente, suele padecer insomnio, experimentar pérdida de peso y sensación de que la vida ha perdido sentido. La persona en duelo revive continuamente los recuerdos del fallecido; la aceptación de que los recuerdos son sólo eso provoca una sensación de desconsuelo.

  • Fase de reorganización

Es una etapa de reorganización en la que comienzan a remitir los aspectos más dolorosamente agudos del duelo y el individuo empieza a experimentar la sensación de reincorporarse a la vida, la persona fallecida se recuerda ahora con una sensación combinada de alegría y tristeza y se internaliza la imagen de la persona perdida.

Estas fases pueden variar y presentarse emociones, síntomas o pensamientos de una de ellas en otra de las etapas. Además, estas emociones suelen variar entre hombres y mujeres.

Puede aparecer autorreproche, pero con menos intensidad que en el duelo patológico. Suele estar relacionado con actos triviales que se hicieron o dejaron de hacer con la persona perdida.

El sobreviviente suele sentir culpa, deseos de haber sido é/ella quien debería haber muerto y no el otro. En el adulto son más frecuentes los deseos de morir, de no seguir viviendo sin el ser querido.

Los adultos suelen presentar una tendencia a la idealización y un recuerdo selectivo de los atributos valorizados.

También puede producirse la sensación de “presencia del fallecido” que puede tener una magnitud tal que aparezcan alucinaciones o ilusiones (oír al difunto, verlo, olerlo). Pero, al tratarse de un duelo normal, la persona puede darse cuenta de que esto no es real.

Cada persona va a manifestar el duelo de una forma distinta, porque somos distintos y cada persona es única e irrepetible.

Está comprobado que las personas en duelo son más vulnerables físicamente, lo que implica una mayor posibilidad de presentar algún tipo de enfermedad.

DUELO NORMAL EN ADULTOS

Un duelo es normal, cuando las respuestas de una persona a la pérdida son esperables y presentan síntomas y un desarrollo predecibles.

Las manifestaciones del duelo suelen perdurar en el tiempo. La duración e intensidad del duelo van a depender de las condiciones que rodearon a la muerte, es decir si ha sido una muerte más o menos inesperada:

  • Si la muerte es repentina, el shock y la negación perdurarán más tiempo.
  • Si la muerte es esperable o inevitable, el duelo puede darse desde tiempo antes de que ésta se produzca y culminar cuando se produce efectivamente la muerte. Se conoce como duelo anticipatorio.

Lo normal y esperable es una duración de entre seis meses y una año. Puede ocurrir que luego de uno o dos años persistan síntomas del duelo e incluso puede suceder que permanezcan toda la vida. Pero los duelos normales se resuelven finalmente, logrando recuperar el ánimo productivo. Generalmente a los 2 meses del fallecimiento, los signos y síntomas más agudos suelen ir perdiendo fuerza, pudiendo la persona adaptarse mejor, es decir, recuperar el sueño, el apetito y el funcionamiento “normal”.

El duelo, pues, es un término utilizado para describir los síntomas típicos que la persona experimenta tras una pérdida. Esto puede incluir:

  • Incredulidad, shock, aplanamiento afectivo y sentimientos de irrealidad
  • Rabia
  • Sentimiento de culpa
  • Tristeza y ganas de llorar
  • Preocupación de acerca de referencias o circunstancias sobre el difunto
  • Sueño y apetito alterados y ocasionalmente pérdida de peso
  • Ver o escuchar la voz del fallecido
  • La alteración inicial por la causa de los síntomas descritos anteriormente se reduce gradualmente y las personas empiezan a aceptar la pérdida  comenzando así a dar paso a un reajuste psicológico.

Una reacción de duelo puede durar hasta incluso 12 meses, pero puede variar en diferentes culturas. El promedio es, probablemente, alrededor de seis meses.

DUELO PATOLÓGICO EN EL ADULTO

El duelo anormal o patológico puede presentarse de diversas maneras, que van desde el retraso del duelo o la ausencia, hasta un duelo muy intenso y prolongado, asociados a conductas suicidas o síntomas psicóticos.

Tienen mayor riesgo de sufrir un duelo patológico los que experimentan un  pérdida repentina o en circunstancias catastróficas, los que están aislados/as socialmente, los que se sienten responsables de la muerte (ya sea real o imaginaria su responsabilidad), los que tienen historia e pérdidas traumáticas y los que mantenían una relación de  intensa ambivalencia o dependencia con el fallecido.

FACTORES DE RIESGO

  • Una pérdida inesperada
  • Presenciar situaciones terribles alrededor de la pérdida
  • Aislamiento social
  • Sentimientos de responsabilidad por la muerte
  • Historias de muertes traumáticas
  • Intensa dependencia al individuo que falleció

El duelo negado es la ausencia de la expresión de duelo en el momento de la pérdida. Este tipo de duelo es patológico, ya que la persona que sufre la pérdida intenta evitar la realidad. Pueden aparecer reacciones físicas similares alas que causaron la muerte de la persona fallecida. También pueden presentar reacciones desmedidas en e primer aniversario de la muerte.

Desde la psicología se postula que otras formas anormales de duelo se producen cuando algunos aspectos del duelo normal se distorsionan o magnifican hasta alcanzar proporciones psicóticas. Por ejemplo, identificarse con el fallecido adoptando alguno de sus rasgos o atesorando sus pertenencias puede ser considerado “normal”, pero creer que uno mismo es el fallecido o estar seguro de que se está muriendo de lo mismo de lo que murió el difunto no lo es. Oír la voz efímera y momentánea del fallecido puede ser “normal”; no obstante, las alucinaciones auditivas complejas y persistentes no son : normales”. La negación de ciertos aspectos de la muerte es “normal”; sin embargo, la negación que implica la certeza de que la persona muerta sigue viva, no lo es.

Las variedades patológicas del duelo abarcan alteraciones de la salud tanto física como mental. Los grados de estas alteraciones van desde leves hasta graves.

DUELO Y DEPRESIÓN EN EL ADULTO

Depresión, culpa y tristeza son tres sentimientos que ocurren inevitablemente tanto en el duelo patológico como en el normal. Pero el duelo y la depresión ni son sinónimos. No necesariamente el hecho de sufrir una pérdida y atravesar un duelo va a desencadenar en una depresión. Lo que ambos sentimientos tienen en común es su expresión a través de tristeza, llanto, tensión, pérdida del interés sexual, abandono de actividades externas. La diferencia radica en que el proceso de duelo va revirtiendo a medida que pasa el tiempo, recuperando el estado de ánimo normal.

Tanto en el duelo como en la depresión aparecen autorreproches, pero en el duelo se refieren a las cosas que se dejó de hacer con la persona fallecida; mientras que en la depresión la autoinculpación está centrada en sí mismo.

Los sentimientos de inutilidad, deterioro en el funcionamiento y retardo psicomotor sugieren un cuadro depresivo grave.

Es muy importante considerar que las personas deprimidas tienen un mayor riesgo de presentar conductas o ideas suicidas en tanto que las personas que atraviesan un duelo normalmente no presentan estas ideas.

Las personas en riesgo de presentar una depresión en lugar de un duelo patológico son aquellas que ya han sufrido un cuadro depresivo en algún momento de sus vidas.

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