El manejo de la pérdida de un ser querido: consideraciones esenciales

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Autor: Dr. Edwin Morales-Cortés

Enfrentar la muerte de un ser querido es uno de los eventos de mayor impacto adverso en la vida de un ser humano.  Particularmente, si no se consideran aspectos holísticos.  La dimensión espiritual y psicológica son fundamentales para procesar la pérdida física de un ser querido.  Lamentablemente, no existe una receta para prepararse para tal tipo de pérdida.  No obstante, a través de este artículo se pretende que el(la) lector(a) reflexione sobre diversos aspectos medulares asociados al proceso de manejo de la pérdida de un ser querido.

Como resultado de mi experiencia profesional he podido identificar que muchas de las personas que atraviesan por eventos de pérdida y a quienes les resulta más difícil el manejo del proceso, son las personas que han experimentado problemas emocionales previos al evento.  Son éstas las que tienden a sufrir más en vista de que existía un historial de daño emocional que antecedía la pérdida, el cual se espera se agrave ante un estímulo estresante tan significativo como el evento de la muerte.

Todos debemos preguntarnos quiénes fuimos antes de la pérdida.  Resulta vital identificar un punto de partida para redefinir nuestros roles a partir de la separación física de ese ser querido.  Sería prudente continuar realizando aquellas actividades que se disfrutaban anteriormente, incluso junto a su ser querido.  Ciertamente, cada persona afronta la pérdida de manera diferente, por lo que no se pueden imponer moldes y estándares.  Se espera que la redefinición de la misión o función personal en la vida a partir de la pérdida produzca resultados saludables para quien opte por tal tarea.

El proceso de duelo es necesario por lo que se deben conocer las etapas típicas asociadas a éste y vivirlas plenamente.  No necesariamente todos los sobrevivientes experimentarán cada etapa de la misma manera y simultáneamente.  Según la reconocida autora Kübler-Ross, las etapas más comunes a las que se expone el(la) sobreviviente durante el proceso de pérdida son: el impacto inicial y la negación del evento de pérdida, el coraje, la negociación anticipada o retroactiva, la depresión y aceptación.  La asistencia psicológica es altamente recomendable para que la calidad de vida de los familiares no se vea comprometida significativamente.  Sin embargo, esto no sustituye, sólo complementa un ambiente armonioso de respeto donde se escuche y comprenda al ser amado en su proceso de pérdida.

La depresión suele acompañar a las personas que han vivido con un familiar enfermo o al enfrentar la pérdida repentina de un ser querido.  Hay depresiones asociadas directamente a la pérdida y otras que se nutren o complementan con la experiencia de pérdida.  Algunos de los síntomas más comunes de la depresión son: pérdida del deseo de realizar actividades que antes eran placenteras, cambios en el patrón y la calidad del sueño, aumento o disminución en la ingesta de alimentos, irritabilidad potencial, desesperanza, ideas asociadas a la muerte y/o planes específicos de morir, cansancio generalizado, llorar continuamente o de forma inesperada sin una justificación aparente.

Entre las recomendaciones orientadas al manejo efectivo de la pérdida se encuentran las siguientes: (a) no mantenerse enfocado en la idea o hecho de la pérdida, (b) buscar formas de distracción, (c) cancelar y reformular modos de verbalizar la tristeza o miedo, (d) diseñar planes futuros concretos, (e) conversar con personas en las que pueda confiar y que muestren interés en nuestra recuperación, (f) permitirnos llorar y expresar nuestro sentir sobre la pérdida, (g) rechazar todo sentimiento de culpa aparente, (h) descartar alguna práctica o hábito al notar que nos está haciendo mayor daño que bien, (i) evitar el aislamiento, (j) ampliar las redes de apoyo familiar y extra-familiar, (k) recibir apoyo psicológico, (l) no descartar tratamiento médico o psico-farmacológico, (m) realizar ejercicios y velar por una buena nutrición, entre otros.

También, a muchas personas les resulta útil leer literatura sobre pérdidas.  Estas personas que han pasado por dichas experiencias exponen acerca de su proceso y cómo superaron los efectos nocivos asociados a dicho evento.  También, relacionarse con personas que han pasado por el mismo proceso puede ser útil.  Principalmente, si es guiado por un profesional de la conducta humana.  Llevar un diario sobre sus sentimientos, pensamientos y conductas puede ser de gran ayuda tanto para usted como para el psicoterapeuta.  Fortalecer o desarrollar la dimensión espiritual es fundamental ya que inspira y permite percibir y sentir otras posibilidades, diferentes manifestaciones de la realidad consciente o de otros planos, más allá de lo inmediato.

Se debe crear conciencia de que superar el evento de pérdida no implica haber olvidado o estar minimizando la importancia del ser querido.  Todos merecemos ser felices, por lo que debemos ser agradecidos por la oportunidad que nos ofrece la vida de tenerles entre nosotros.  ¿Acaso cree usted que su ser querido se complacería de verle en agonía y sufrimiento perpetuo?  ¿Qué podría hacer usted en memoria de su ser querido? ¿Qué podría hacer por otras personas que pasan por el proceso que usted atravesó por su ser querido? ¿Qué hubiese querido hacer ese ser querido y que usted pueda realizar en su nombre?  ¿Recuerda usted las preciosas experiencias de vida de su ser querido o sólo recuerda los momentos de dolor o enfermedad?  Con toda probabilidad fueron mayores o más significativos los positivos, ¿por qué olvidarlos u opacarlos?

Por otro lado, no se recomienda que las personas cuando están deprimidas tomen decisiones trascendentales.  La búsqueda de apoyo es vital de manera que las relaciones interpersonales, familiares y laborales no se vean afectadas adversamente.  Focalizarse en la pérdida indefinidamente sería morir en vida.  Idealizar a quien murió es injusto e inapropiado.  Esperar a que el tiempo solamente sane las heridas es irresponsable e ilógico.  Sentirse incomprendido, víctima, recurrir a vicios y conductas destructivas o cargarnos de actividades para distraerse continuamente, no contribuirá al manejo efectivo de la pérdida.  Esto sólo la retrasará y aumentará las posibilidades de desarrollar trastornos mentales o condiciones estresantes agudas o paralizantes en nuestras vidas.

La búsqueda de nuevas oportunidades, reconocer las experiencias positivas y sentirse perdonado por cualquier falta cometida contribuye al proceso de adaptación y manejo del cambio ante la pérdida.  El sentido de culpa, si alguno, podría destruirle hasta el punto de que se sienta muerto(a) en vida.  Aprender a realizar afirmaciones y premiarse por conductas positivas es racional. Por su parte, reconocer la muerte como un proceso de vida es fundamental.  Es su responsabilidad afrontar su aflicción.  La pérdida no se puede superar, pero si afrontar o manejar.

El autor es Psicólogo Consejero e Industrial/Organizacional y Catedrático Auxiliar de la
Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras

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